Mi historia de viaje: ¡Qué viaje tan increíble tuve en Nepal!
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- By accessnepaltour
Llegada a Nepal
Nos montamos en un avión pensando en cómo sería la experiencia, y yo iba con una ilusión: poder vivir una experiencia que me llenase, me hiciera crecer, y sobre todo aprender de mi alrededor y de mi misma.
Tras más de 11 horas de vuelos y aeropuertos, por fin llegamos a Nepal. Una ciudad completamente distinta, incluso se respiraba un aire diferente. Tras recoger las maletas y salir de la terminal, nos recibieron de la mejor manera posible. Allí nos esperaba Sadhana, con unos collares típicos de bienvenida, hechos con flores amarillas, y una pancarta en la que aparecían las banderas de Nepal y la de España juntas.
Nos acompañaron al hotel donde nos quedaremos el próximo mes, donde también nos recibieron con unos vasos de zumo y gran alegría. Tras darnos las respectivas habitaciones y poder subir nuestras pesadas maletas, nos dimos cuenta de que ya había empezado realmente la aventura, ¡ya estábamos en Nepal!
Durante los siguientes días, nos acoplamos a la vida en la ciudad, a cruzar las carreteras sin tener miedo a las motos, a encontrar tiendas de confianza, y sobre todo a no perdernos por las calles. Tuvimos la oportunidad de visitar la oficina de Access Nepal, y conocer a Rajesh y a los trabajadores que llevaban adelante la empresa. Estuvimos hablando con ellos de lo que iba a ser esta experiencia para nosotros, de lo que iba a suponer el trekking del Everest, el cual cada vez era más real. Nos proporcionaron botellas de agua, sacos de dormir, plumíferos, camisetas y un mapa de la zona que íbamos a recorrer.
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Estando en el hotel, nos vinieron a visitar los fundadores de Chain for Change, con los que pudimos hablar y compartir pensamientos e ideas sobre cómo trabajaríamos con ellos y su fundación.
Trekking de 14 días al campamento base del Everest
Ya había llegado el día, el primero de los 12 duros días que nos esperaban por delante. Nos levantamos a las 4, pero valió la pena para poder reencontrarnos con nuestros profesores de España a las 5 en un minibus de camino al aeropuerto. Mientras pasamos las maletas y los macutos llenos de ropa, medicamentos y comida por los escáneres, no sabíamos que iban a volver llenos de recuerdos y experiencias.
Cogimos la avioneta (en la que no confiábamos mucho) para llegar al aeropuerto de Lukla, y nos quedamos fascinados por estar completamente rodeados de montañas de piedra nevadas.
Después de tomar un té caliente y conocer a nuestros guías durante estos días, comenzamos la aventura.
Mientras los días pasaban, cada vez nos íbamos conociendo más entre nosotros, y a nosotros mismos también. Comenzamos a ver hasta dónde éramos capaces, pudimos conocer nuestros propios límites y cómo superarlos, no éramos un grupo de personas que iban a disfrutar de un trekking, sino un equipo que iba a conocerse y aprender.

De camino al campamento base del Everest.
Quién diría que durante el trekking aprendimos también a decir algunas palabras básicas en nepalí, como: hola: namaskar, gracias: dhanyavad, y sobre todo picante: khursani.
También pudimos aprender qué significaban los colores y las oraciones de las banderas que tan fascinados nos han tenido durante todo el trayecto. Las ruedas de oración que tanto veíamos, las escrituras en las rocas y por donde teníamos que pasarlas. Tanta cultura en tan poco tiempo nos hacía ver lo diferentes que éramos, pero a la vez lo unidos que nos encontrábamos.
Poder pasar estos días rodeados de profesores experimentados tanto en montaña como en la vida misma nos ha hecho crecer en muchos ámbitos. Hemos podido aprender de ellos y formar vínculos muy fuertes con gente que no lo hubiéramos imaginado.
Durante estos días hemos podido disfrutar de personas maravillosas que nos hemos encontrado por el camino; y gente local que destacaba por su amabilidad y hospitalidad, que nos ha dado fuerza y energía para seguir con el camino.
Hemos visitado miradores que dejaban a cualquiera con la boca abierta, de los que podíamos ver el Everest. Tan pequeño desde nuestro punto de vista, aunque luego pensábamos: “Es el pico más grande del mundo, y solo podemos disfrutar de él la cima, ya que lo demás se encuentra tapado por otras montañas”. Una estampa que es digna de película.
Cruzamos cientos de puentes colgantes infinitos, los cuales conectaban montañas y cruzaban un río bravo con un toque de tranquilidad que no sabría describir. Teníamos la necesidad de parar en medio del puente para inmortalizar la situación en la que nos encontrábamos. Dirigirse de frente a un rebaño de burros cargados de mercancías en un espacio tan estrecho era algo inhumano, de lo que más tarde nos reíamos.
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Nos quedamos completamente boquiabiertos cuando nos topamos de cara por primera vez con un yak. Un animal más grande de lo esperado, con unos cuernos grandes y curvados en forma de “U” perfecta, una espalda alta en la que se posaban decorados portamateriales de madera. Lo cubría una gran capa de pelo denso pero suave, largo, casi hasta el suelo; unas pezuñas grandes con las que pisaba de manera tranquila, y una cabeza ancha y bonita moviéndose constantemente de arriba a abajo haciendo sonar el cencerro que llevaba colgado en el cuello.
En uno de los días de aclimatación tuvimos la oportunidad de subir el Nangkartshang, un pico de 5.071m, la cima del cual estaba decorada completamente con banderas, y con unas vistas preciosas hacia los demás picos (todavía más altos) que nos rodeaban.
El día 7, de camino al campamento base, ya no sabíamos qué pensar. ¿De verdad lo íbamos a conseguir? ¿Por fin íbamos a llegar? Y de repente, ahí estábamos. Todas las emociones salieron a flor de piel mientras observábamos el gran glaciar, las tiendas de campaña del campamento, la famosa roca en la que todos se hacían fotos (y no íbamos a ser menos). Nos abrazamos, nos alegramos, nos dimos la enhorabuena por el logro que habíamos conseguido.
Los días de vuelta fueron duros, nevó, granizó, llovió… pero nos vimos capaces de acabar el recorrido de 7 días en solamente 3; llegando finalmente a Lukla, donde pasamos la última noche compartiendo experiencias, recordando lo vivido, y dando algún que otro detalle.
Bhaktapur
El 9 de abril, después de haber acabado todo el trekking del Campo Base del Everest, pensábamos que podríamos dormir por fin, hasta que sonó la alarma. Comienza otra mini aventura de 2 días hacia Bhaktapur.Nos levantamos, desayunamos y volvimos a quedar con los profesores en el minibus (buena forma de empezar el día) para un viajecito de unos 40 min. Las carreteras poco asfaltadas, las obras, el tráfico y los pitidos evitaban que nos durmiéramos en el trayecto, aunque disfrutamos de la estampa cotidiana.
Llegamos al parking, donde al bajar del minibus nos dimos cuenta de que nos sobraban los pantalones largos y nos faltaba crema solar. Llegamos a la entrada de Bhaktapur, donde pagamos la entrada y pudimos adentrarnos en sus calles.

Bhaktapur
Pudimos ver grandes estructuras, de arquitectura antigua, con detalles tallados en madera. Templos altos, con grandes escaleras custodiadas por animales de piedra.
Vimos una especie de ariete en la plaza principal. Lo estaban pintando con colores vivos, y nos explicaron que lo estaban poniendo a punto para el año nuevo. Mientras los pintores hacían su trabajo, la estructura se tambaleaba, y no porque fuera inestable, si no porque una decena de niños estaban subidos encima, jugando y pasándolo bien.
Tras estar un buen rato observando la gran plaza y disfrutando de los preparativos de año nuevo, nos dimos una vuelta por sus estrechas calles, repletas de tiendas en las que no podíamos evitar asomar la cabeza dentro. No podía parar de pensar en la cantidad de cosas que compraría, aunque ya vería cómo facturar la maleta.
Las estrechas calles nos llevaron a la zona de alfarería. Una pequeña plaza cuadrada repleta de piezas artesanales listas para vender: vasijas, tazas, vasos, tarros… tanto de arcilla roja como negra.
Alrededor de la plaza, trabajadores dentro de sus locales y tiendas, creando figuras nuevas con el torno. Tenías las puertas abiertas, acostumbrados a que los turistas paren a ver su trabajo diario.
Para acabar bien el día, a la salida de Bhaktapur, probamos el yogur típico de esta zona. Nos lo sirvieron en un pequeño cuenco de arcilla, tenía un sabor muy parecido a la tarta de queso Española, pero mucho más cremoso. El mejor yogur que probamos.
Garden of Dreams
Después de comer tuvimos un rato libre, y como el “Garden of Dreams” nos pillaba al lado del hotel, decidimos ir a visitarlo.
Entramos y pagamos la entrada, que fue unas 400 NPR (unos 2,35 euros por persona). Nada más entrar nos encontramos con una gran zona verde, miles de tipos de flores y árboles, además de gente disfrutando de la naturaleza.
Durante nuestra visita al jardín pudimos ver muchos tipos de flores, y una gran parte no las conocíamos.
Además de todos los tipos de vegetación, también había una zona de césped amplia, donde la gente local iba a sentarse y pasar el rato, leer, o hacer un picnic con la familia. Dispone también de grandes estructuras, con muchos pilares, pequeñas estatuas de elefantes, fuentes, lagos…

Garden of Dreams
Subimos por un par de escaleras que nos llevaron a un lugar un poco más alto de donde poder ver el jardín completo, una especie de balcones. También pasamos por al lado de un restaurante, ¡dentro del propio jardín!
Dimos unas vueltas para poder fijarnos bien en todos los colores diferentes de las flores, algunos en tonos neutros, otros espacialmente brillantes. También aprovechamos para hacernos unas cuantas fotos, y nos fijamos que había mucha gente arreglada haciéndose sesiones enteras; al fin y al cabo, es de los pocos lugares verdes en el centro de Kathmandu.
Swayambhunath
Nos levantamos pronto por la mañana, reservamos un taxi y nos fuimos directos al Templo de los Monos (conocido como Swayambhunath). Al llegar pagamos la entrada: 200 NPR (1,17 euros aprox) y nos fuimos directos a ver la fuente principal. Había una estatua en el centro, y varios chorros que tiraban agua dentro de la fuente. A estos chorros se acercaban los monos a beber un poco de agua, ya que hacía bastante calor ese día. Empezamos a dar unas vueltas subiendo por las primeras escaleras que vimos, y pasamos por delante de muchos puestos de figuras artesanales.
Un hombre muy amable nos enseñó cómo tallaba él mismo los dibujos de unas pequeñas figuras de animales, además nos explicó la diferencia entre los boles hechos a máquina y los hechos a mano (cambia mucho el sonido y la intensidad). Seguimos dando una vuelta y comenzamos a ver más monos, algunos con sus crías enganchadas al pecho. Llegamos a una plaza cuadrada, en medio de la cual había una estupa gigante de la que salían varias filas de banderas.

Swayambhunath
Seguimos callejeando y pasamos por unas tiendas que vendían varias cosas, tanto máscaras, kukuris, figuras, marionetas, cuadros pintados a mano…Disfrutamos de las vistas de Kathmandu desde lo alto del templo y acabamos la visita dando la vuelta entera para volver por la parte de atrás.
Changu Narayan
Quedamos en la oficina de Chain for Change con Abhishek y Shamirla, con los que hoy probaremos a realizar una ruta para que más adelante participen niños con discapacidad visual. Llegamos al lugar después de 1 hora larga de minibus, compramos la entrada, que nos costó 400 NPR (2,35 euros), y nos dieron un tríptico con información.
Comenzamos a subir escaleras, turnándonos entre nosotros para guiar a Abhishek y aprender a hacerlo correctamente. Pasamos por delante de muchas tiendas artesanales, de las cuales nos sorprendieron 2, una de máscaras y otra de dulces.
Llegamos arriba del todo y pudimos ver el templo de Changu Narayan. Estaba rodeado de muchas figuras de piedra a las que la gente hacía ofrendas. En las esculturas había tallados de dioses y diosas, representando acciones. Algunos de los que pudimos ver y aprender son: Vishnu, Naga o Chhinnamasta. Esta última era una diosa que, tras cortarse la cabeza, siguió con vida.
Shamirla nos explicó mucho sobre la historia de ese lugar, y antes de tener un rato libre para investigar sobre nuestra cuenta, pudimos tener la suerte de ser bendecidos. Nos arrodillamos delante de un hombre y, mientras recitaba unas frases en una lengua que no conocíamos, nos pintó un círculo en la frente con varias pinturas hechas a mano. Una experiencia que, al menos a mí, no se me olvidará. Al volver para el minibus, paramos en las tiendas que anteriormente he nombrado para comprar. De la tienda de las máscaras, todos salimos con una de Ganesh, una de las deidades más veneradas del hinduismo, con cuerpo de humano y cabeza de elefante.

Changu Narayan
De la tienda de dulces compramos un poco de todo para poder probarlas (algunas nos gustaron más que otras). Tras acabar la visita al templo, comenzamos una pequeña ruta de montaña (de dificultad fácil) en la que también pudimos practicar el guiaje. Un paisaje tranquilo, repleto de verdes árboles, y que si estabas en silencio podías escuchar pájaros con cantos muy curiosos. El poder guiar a una persona con discapacidad visual por la montaña es un privilegio, ya que hace que te fijes en todos los detalles de tu alrededor para poder describirlos a tu acompañante.
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